Bayern y Liverpool se echan a un lado

Van Gaal

La Champions League acelera y empieza a dejar equipos atrás. Las cenicientas, vencedoras en ligas menores, suelen ser las primeras en rezagarse, en observar desde lejos la estela de un cohete que te lleva a octavos, tal vez demasiado premio para equipos que celebran la clasificación como si fuera un título. Macabbi Haifa, APOEL o Debreceni ya están apostados a un lado de la carretera. Después se bajan otros equipos no tan desconocidos, aquellos cuya cobertura actual no les permite un paso más hacia delante; equipos que a veces dan la sorpresa pero a los que un puñado de malos partidos o un comienzo desnortado y tambaleante le impiden escalar a base de pequeños milagros: Atlético de Madrid, Besiktas, Rangers o AZ no han pasado de palmeros en sus respectivos grupos. Otro año será para ellos, pero el sueño se acabó aquí.

Finalmente, anónimos entre la masa de perdedores, se dibujan otras plantillas cuyo apeo roza lo dramático, a las que no les va mucho estar ahí. Clubes de prestigio, candidatos a luchar por el título –o casi- y a los que una pésima liguilla puede llevarlos a la Europa League o directamente a la nada –sillones cómodos para ver la Liga de Campeones desde casa-.

En ese grupo de descolgados resplandecen dos, que de grandes se han quedado chicos y cuyo deambular en esta temporada parece desarrollarse de forma análoga. Las camisetas rojas del Bayern de Múnich y del Liverpool destacan entre ese batiburrillo de clubes que ya están diciendo adiós con la manita a la Champions. Ninguno de los dos levanta cabeza en sus respectivas ligas, ninguno de los dos ha encontrado tesoros en los fichajes veraniegos y ninguno de los dos lo tiene fácil para pasar a octavos de la máxima competición europea.

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Benítez y Van Gaal son dos entrenadores solventes. Ambos han ganado la Champions, ambos tienen ligas en sus vitrinas, una calidad contrastada y hoy en día dirigen equipos que, con matices, siempre deben luchar por permanecer en lo más alto; ya sea por afición, por liquidez económica, o por ese intangible llamado historia que a veces arrastra más que eleva en el mundo del fútbol. Tanto el equipo bávaro como el titular de Anfield estaban en las quinielas como agitadores del campeonato.

Los alemanes habían hecho un verdadero esfuerzo económico y la pulcritud del entrenador holandés los situaba, al menos en la opinión del que escribe, un paso por encima del resto de clubes germanos. En la liga andan en puestos pobres y su juego ni encanta ni es efectivo. Juegan a trompicones dejando el balón en manos de los talentosos y sufriendo atrás de una manera impropia para la escuadra muniquesa. La única buena noticia se llama Thomas Müller, un joven delantero de la cantera que apunta maneras de estrella. El resto es un equipo fofo que mañana se juega ante el Maccabi israelí parte de la temporada.

El caso de los ingleses ya se alarga mucho en el tiempo. Benítez tiene cada vez menos crédito y el equipo no parece tener ganas de demostrar lo contrario. La dependencia de Torres empieza a lastrar a una plantilla sin ideas en la que jugadores algo limitados como Benayoun destacan, los refuerzos no debutan como Aquilani y los suplentes son meros espectadores, como el caso del otrora promesa Ryan Babel. En la Champions, hábitat natural de Benítez en las últimas temporadas, la situación es dramática. Una visita a Debrecen con un padrenuestro en Florencia es el único modo de sobrevivir, de momento, en la Liga de Campeones.

Tal vez les venga bien perder fuelle en Europa y centrarse en sus ligas a la espera de retomar el vuelo, aunque entiendo que eso nunca pasa por la cabeza de los jugadores. El puesto de Benítez y el de Van Gaal corre peligro si, como parece, el cohete que lleva a octavos pasa de largo. Esta competición está hecha con sorpresas, pero la eliminación de estos clubes puede ser demasiado, desde luego son dos plantillas que pueden aspirar a algo más que a ser los nuevos cocos de la Europa League.

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