Viajes para deportistas

Los deportistas en diferentes campos, especialmente todos aquellos que competimos, tanto en competiciones nacionales como internacionales, hacemos un uso intensivo del avion, y en muchos casos este uso no esta subvencionado.
Nos resulta de mucha utilidad encontrar vuelos a diferentes lugares al mejor precio, y por fin, hemos encontrado lo mejor de la red, los mejores precios nunca vistos:

LOS VUELOS MAS BARATOS

Cumpleaños total. Hoy: Michael Robinson

Corría la temporada 79/80 y a Michael John Robinson le faltaba poco para ser internacional con Irlanda, y mucho para encabezar el mejor programa de la televisión española. La foto ya habla por sí sola. Michael exhibe sonrisa de jugón, directamente heredada de su padre, que apoya la mano en el hombro que deja libre su madre, que gira la muñeca para verter el líquido de la tetera en la taza más próxima, mientras el hijo prometedor y soltero trincha sin piedad el pollo de rigor. La entrañable escena familiar de Sunday roast se complementa con un cuestionario tan banal como revelador. Así era Michael en el límite de los setenta con los ochenta y así sería, imaginamos, su cumpleaños favorito.

Robinson subiría a su VW Passat molón y se acercaría al entrenamiento del Buccaneer FC, el equipo en el que ponía en práctica aquello que luego nos enseñó en el mítico Atocha del El Día Después original. Allí se acercaría su ídolo Kevin Keegan, en la primera sorpresa del día. El saludo sería tal que “hey, soy Kevin, me han dicho que eres muy bueno, casi tanto como yo” y, tras el abrazo sincero, empezaría la jornada, basada en los pilares confesos de la felicidad del protagonista. A saber: “ganar, marcar goles y dormir”. Y a evitar: “la mala comida y la gente ignorante”.

Michael se despediría de Keegan con lágrimas en los ojos, se saltaría el entrenamiento con el Manchester City y viajaría de inmediato a su país preferido, Holanda, donde comería un steak al punto. Sin pasarse, porque reconoce que “su peso” es su mayor oponente. Ojo. En el viaje de vuelta revisaría un par de capítulos de Coronation Street y, al llegar, le esperaría un concierto privado de Genesis y Earth Wind and Fire. Tras la sobredosis de rock progresivo, tendría que despertar a Susan George, que se había quedado dormida, la pobre, su actriz fetiche, que le cantaría el Happy Birthday to you ante la atenta mirada del colega Donald Sutherland, con el que se bebería un gin tonic (y lo del gin tonic es aportación mía).

Por último, después de despedir uno a uno a sus amigos (“creo que tengo demasiados”) se reunirían en comandita sus grandes influencias y anhelos: Alan Kelly, el ayudante del manager en su época en el Preston, y Ron Grenwood, entonces seleccionador inglés, que le entregaría el regalo más preciado (y siempre incumplido): la confirmación del debut con Inglaterra.

Antes de dormir, rememoraría de nuevo su mejor partido: el doblete goleador en el 2-2 contra Sheffield United. Después, y sin entender nada todavía, soñaría con un mapa en un idioma extraño, y con ese pueblo que suena a siseo imposible de encontrar… Algo así como Osasuna.

Foto: elaboración cutre/propia del libro recopilatorio Studs!, original del archivo de la revista Shoot!

Cuando el Madrid miró a los ojos al Barça

Dicen que el primer paso para acometer con mínimas garantías de éxito cualquier empresa o cometido es creer en lo que uno está haciendo. La confianza en el cómo, en la manera de desempeñar las cosas y de perseguir los objetivos, supone un refuerzo añadido en la búsqueda de un fin. Ayer, diez ediciones del Clásico después, que se dice pronto, José Mourinho fue capaz de transmitir a sus jugadores un método en el que creer. Pudo ser por decisión técnica, por imperativo procedente de la grada o porque el portugués decidió poner un micrófono en el vestuario y palpar el sentir de los futbolistas. Es lo de menos. Sí fue un método estudiado y quizá consensuado, fruto de la catarsis que implica el recibir un nuevo manoseo impune por parte del eterno rival, y en al que anoche decidieron aferrarse como si fuera su última esperanza de vida deportiva tanto los futbolistas como los seguidores blancos.

A nadie se le escapa que el Madrid tenía muy poco que perder y mucho que ganar. Después de la lamentable imagen ofrecida en el partido de ida de hace una semana, perder, incluso por goleada, entraba dentro incluso de las cábalas más sensatas. Por eso, y porque había quedado sobradamente demostrado que el método empleado regularmente hasta la fecha por el Madrid se había mostrado insuficiente frente a la insultante efectividad del rival, José Mourinho, tal vez alentado por el furor de las masas, decidió quemar las naves y tirar la casa por la ventana. Por una vez, admitió que sí que escucha al madridismo. Se liberó de su aparatoso corsé habitual y se plantó en el Camp Nou con un once ilusionante y sorprendente, por lo visto en ediciones anteriores del choque, a partes iguales. El equipo perdió a unos jugadores de perfil defensivo que ya no necesitaba, y juntó en el centro del campo a Xabi, Kaká y Özil, un trío tan infrecuente como dominador en la zona de creación.

Puede que fuese por las circunstancias especiales y las urgencias, y que realmente no fuese por convicción, pero lo que es evidente es que ayer quedó patente que Mourinho se equivocaba cuando creía a pies juntillas que la única manera de hacer daño al Barça era plantarle cara en el terreno físico y olvidarse de la pelota. Ocurrió en los primeros compases del duelo. El Madrid escondió la pelota al equipo azulgrana y se dedicó a aporrear la puerta de Pinto con insistencia pero sin efectividad. Una, dos y hasta tres veces acudió el discutido Higuaín a pegar el aldabonazo. Pero en una mansión de tales dimensiones, o te desgañitas llamando o nadie te escucha. También lo intentó Mesut Özil, tirando de escuela de centrocampismo alemana, con un disparo desde treinta metros de inconmensurable belleza plástica que repelió el larguero con violencia y sorpresa.

El Madrid estaba ahí. Y estaba ahí porque, por primera vez en diez enfrentamientos, creía en el método. Dio igual que la fortuna sonriese al Barça y que éste se encaminase al descanso con un 2-0 que no había merecido. Fue un alivio para el barcelonismo. Sin emabrgo, el equipo blanco, cómodo en un sistema que sabía que no iba a decepcionar a nadie, salió a seguir haciendo lo mismo en la segunda mitad. Perfeccionó incluso el asunto con la entrada de Granero en sustitución de un Lass poco útil para lo que su equipo pretendía. Más capacidad de asociación en el centro del campo, más profundidad en el pase. Insistencia renovada en el método.

También la entrada de Benzema por un Higuaín con las luces fundidas desde el arranque del partido supuso un enriquecimiento de la faceta ofensiva blanca. El francés comenzó a lanzar pequeñas dentelladas a la zaga culé y ahí, en cuanto el Madrid empezó a oler la sangre que se desprendía de esas heridas, el partido dio un giro brusco e inesperado. Se fue al terreno del tú a tú. A donde más le favorecía al madridismo.

Primero fue Cristiano Ronaldo, asistido magistralmente por Özil. El portugués vio el pasillo, se aventuró hacia la luz del fondo y con un gesto de cadera casi imperceptible pero tremendamente eficaz se deshizo de Pinto para el 2-1. El gol blanco, con más de veinte minutos por delante, abrió más la herida azulgrana. Y solo tres minutos después surgió la figura de Benzema, colosal en los minutos de que dispuso, para maniobrar son soltura dentro del área y clavar el segundo tras deshacerse de Puyol con un sombrero que adornaba la hazaña. Con el empate, la herida azulgrana era ya un manantial de sangre y el equipo blanco un enfurecido banco de tiburones. Al equipo de Guardiola se le iba la vida conforme pasaban los minutos, al mismo tiempo que el Madrid comprobaba por fin la eficacia del nuevo método. Los blancos se fueron al ‘todo nervio y corazón‘ del himno madridista y se volcaron en una carrera hacia la victoria que finalmente se quedó sin fruto.

El Madrid solo pudo remar hasta un empate que el Barça recibió como agua de mayo. Fue insuficiente porque no le sirvió para pasar la eliminatoria y lavar los trapos sucios que quedaron tras la derrota del miércoles pasado, pero propició un cambio en la actitud y un refuerzo en la esperanza. Además, fue bastante para que, pese a la eliminación, el madridismo se sintiese de una vez por todas a la altura que el Barça le venía negando una y otra vez desde hace cuatro temporadas. Fue el día que el Madrid se levantó, irguió la cabeza, tiró de fútbol como el mejor, y se quedó mirando fijamente a los ojos del indomable Barça para decirle, por fin, que ya sabe a lo que atenerse de aquí en adelante.

Eso es Anduva

Veintitrés años ha tardado la comunidad autónoma de Castilla y León en volver a tener un representante en semifinales de la Copa del Rey de fútbol. En 1989, el Valladolid total de Vicente Cantatore alcanzó la final del torneo con un extraordinario equipo en el que formaban futbolistas como Fernando Hierro, Mauro Ravnić o Janko Janković. Desde entonces, un erial. Lo curioso del caso es que hoy, más de dos décadas después, no ha sido el Real Valladolid, ni siquiera el Numancia, el Salamanca o la Ponferradina. La gesta del CD Mirandés, tercer equipo de Segunda B en alcanzar las semifinales coperas tras Deportivo Logroño (1931) y UE Figueres (2002), rompe con un vacío indigno y desalentador. El conjunto rojillo es la versión mejorada y perfeccionada de otro equipo castellano y leonés, el Numancia del 96. Aquel equipo dirigido por Lotina apenas logró alcanzar los cuartos de final. Lo de los Pablo Infante, Ander Lambarri, César Fernández de las Heras y compañía supera con creces lo conseguido por los sorianos. Ahora aguarda la semifinal. Una semifinal que, sobre el papel, no parece un imposible para un equipo y una ciudad que se han ganado el corazón de toda España y que ayer, a eso de las once y veinte de la noche, con todos los ingredientes para la épica ya en el puchero, aunó un grito de júbilo y sorpresa en los salones de medio país. Un momento de esos que, muy de vez en cuando, el fútbol decide regalar al aficionado neutral, incluso al que ni siente ni padece con los veintidós tíos detrás de la pelotita. Enhorabuena, Mirandés; enhorabuena, Miranda.

Windass, cuando se acaba el fútbol

Mirar a los ojos de la gente es sencillo tras marcar el gol que deposita en la Premier al equipo de tu vida tras 104 años de historia mediocre. Levantas la barbilla y le gritas a todo el mundo lo cojonudo que eres. Fácil. Aguantar la mirada mientras desgranas el desastre que ha sido tu vida post-fútbol, un reguero de jornadas alcohólicas jalonadas con repetidos intentos de suicidio es harina de otro costal. Dean Windass, de los pocos futbolistas que han alcanzado la categoría de héroe aunque fuera en casa humilde, se volvió humano de golpe. Pienso en Windass y recuerdo lo que confesó en su día Kevin Keegan. Es complicado encontrar algo para reemplazar al fútbol porque realmente no existe.

Cuando leí el asunto en la prensa telefoneé inmediatamente a Paul Giblin. Quería conocer la opinión de un hincha confeso del Hull. Para averiguar si todo había sido, como a mi me parecía, la revelación inesperada de un tío normal, o la culminación de un rumor que ya llevara tiempo ronroneando en la grada. Me cuenta que casi nadie en Hull conocía los problemas de Windass con la bebida, algo sorprendente teniendo en cuenta que admitió empujarse una docena de tragos al día. Quizá sus años en el Middlesbrough, uno de los clubes ingleses que más han trabajado por perpetuar la cultura de la pinta, hicieron algo por la causa.

Sea como fuere el caso de Windass representa como pocos el paso del viejo fútbol al nuevo. Seguramente nadie le explicó al nueve, un tipo llano al que al que no se le cayeron los anillos por volver al andamio cuando el Hull le rechazó en edad juvenil, la manera de lidiar con el fútbol moderno. Nadie le dijo que mamarse y comer hasta reventar no era lo más aconsejable para un profesional de la pelotita. Y si alguien le aconsejó le entró por un oido y le salió por el otro, como a todos. Los goles entraban a chorro y eso era lo que contaba.

Acelera hasta el precipicio y mira abajo, como diría Lotina, no es fácil. Los bálsamos que el circo reserva a algunos se le negaron a Windass. Pésimo comentarista, escritor limitado y con escaso éxito en los banquillos, volvió a la actividad que dominaba y estuvo a punto de matarse. Depresiones, decepciones, extravíos y muerte. Entre tanta purpurina conviene no olvidar que el fútbol también es esto.

Windass, cuando se acaba el fútbol

Mirar a los ojos de la gente es sencillo tras marcar el gol que deposita en la Premier al equipo de tu vida tras 104 años de historia mediocre. Levantas la barbilla y le gritas a todo el mundo lo cojonudo que eres. Fácil. Aguantar la mirada mientras desgranas el desastre que ha sido tu vida post-fútbol, un reguero de jornadas alcohólicas jalonadas con repetidos intentos de suicidio es harina de otro costal. Dean Windass, de los pocos futbolistas que han alcanzado la categoría de héroe aunque fuera en casa humilde, se volvió humano de golpe. Pienso en Windass y recuerdo lo que confesó en su día Kevin Keegan. Es complicado encontrar algo para reemplazar al fútbol porque realmente no existe.

Cuando leí el asunto en la prensa telefoneé inmediatamente a Paul Giblin. Quería conocer la opinión de un hincha confeso del Hull. Para averiguar si todo había sido, como a mi me parecía, la revelación inesperada de un tío normal, o la culminación de un rumor que ya llevara tiempo ronroneando en la grada. Me cuenta que casi nadie en Hull conocía los problemas de Windass con la bebida, algo sorprendente teniendo en cuenta que admitió empujarse una docena de tragos al día. Quizá sus años en el Middlesbrough, uno de los clubes ingleses que más han trabajado por perpetuar la cultura de la pinta, hicieron algo por la causa.

Sea como fuere el caso de Windass representa como pocos el paso del viejo fútbol al nuevo. Seguramente nadie le explicó al nueve, un tipo llano al que al que no se le cayeron los anillos por volver al andamio cuando el Hull le rechazó en edad juvenil, la manera de lidiar con el fútbol moderno. Nadie le dijo que mamarse y comer hasta reventar no era lo más aconsejable para un profesional de la pelotita. Y si alguien le aconsejó le entró por un oido y le salió por el otro, como a todos. Los goles entraban a chorro y eso era lo que contaba.

Acelera hasta el precipicio y mira abajo, como diría Lotina, no es fácil. Los bálsamos que el circo reserva a algunos se le negaron a Windass. Pésimo comentarista, escritor limitado y con escaso éxito en los banquillos, volvió a la actividad que dominaba y estuvo a punto de matarse. Depresiones, decepciones, extravíos y muerte. Entre tanta purpurina conviene no olvidar que el fútbol también es esto.

El Clásico descafeinado

El Clásico número 14 de Guardiola, décimo de Mourinho desde que está en el Real Madrid, se presenta como el más descafeinado de los que han disputado hasta el momento estos dos monstruos de los banquillos. Por una parte, y salvo un milagro madridista que casi nadie espera, es muy difícil suponer que el equipo blanco protagonice la gran hombrada en el Camp Nou y tumbe a un rival al que lleva casi cuatro años sin ganar por al menos dos goles de diferencia. Por otra, y muy afortunadamente, la tensión ambiental ha descendido de forma significativa desde el dedazo de Mou, siempre que excluyamos la bestialidad aislada de Pepe que –como lo oyen- va a quedar sin castigo. Y además, el vencedor sólo se llevará como premio, además de la satisfacción de imponerse al otro, el pase a semifinales de un torneo cuya importancia es relativa. Nada decisivo, sobre todo teniendo en cuenta que no es difícil un trayecto hasta la Copa que incluya equipos del calibre del Valencia o el Athletic de Bilbao.

Así las cosas, resulta llamativo comprobar cómo se aceleran los tiempos en el fútbol moderno. Hace escasamente dos semanas, el Barça sufría lo indecible para sacar un empate de Cornellá, en un partido que el Español le llenó de minas hasta lo indecible, y un nubarrón sobrevolaba la parte alta de la Diagonal cuando Roque Santa Cruz fulminaba a Valdés de preciso disparo, y empataba momentáneamente un choque hasta ese momento parejo. Hoy, tras la visita de rigor a la casa de reposo de Concha Espina, y la enésima exhibición de Messi a domicilio –no de esta temporada, precisemos- los chicos de Guardiola vuelven a lucir la sonrisa del ganador, se ven optimistas en la Liga, y es difícil que conciban la vuelta de la Copa como una noche desagradable. Pocos dudan de que Pep sacará un once muy parecido al que venció en Madrid, y la consigna general vuelve a ser “que se preocupen ellos”. Perspectivas tranquilas y halagüeñas, no sin motivo.

Cada semana, y de la mano de bwin.com, os ofreceremos los partidos más interesantes del fútbol mundial, con especial atención a todos aquellos que os manejáis en el mundo de las apuestas on-line.

Al otro lado del Ebro hay un polvorín, en parte artificial. Por una parte, la derrota ante el Barça, el pisotón de Pepe y las estupideces de Mourinho a propósito de éste, secundadas por Butragueño y Zidane, problemas todos ellos achacables en todo o en parte a miembros del organigrama del Madrid; y por otra, el desmesurado revuelo mediático causado por una típica bronca tras derrota, la relevancia otorgada a unos pitos a los Ultra Sur y, en general, la enemiga que se ha ganado o no Mou entre la propia prensa de la capital y que se ha desplegado a placer estos días, han vuelto de nuevo el ambiente irrespirable. Una situación muy propia del conjunto blanco y su entorno de los últimos años, que puede atisbar el fin el mundo incluso batiendo récords en Liga y Champions como líder destacado. Tras conocer que nadie impide al Madrid jugar sin medios matraca –veáse el partido contra el Athletic-, será muy interesante saber si el técnico portugués se atreverá a sacar en el Camp Nou una alineación como la de ayer. No tiene mucho que perder si lo hace, pues una victoria sería gloriosa, y una derrota un momento ideal para pasar cuentas a sus críticos. Sólo un escenario podría hacerle arder, y su drama es que no es imposible, quizá ni improbable: la goleada. Nadie sabe qué podría salir de otro 5-0 o similar, una sombra que atenaza a Mourinho desde hace meses. Pero quizá éste sea el momento, con la eliminatoria prácticamente perdida, de arriesgar. O no.

Partido muy interesante para lanzarse a realizar apuestas, porque se puede dar lugar a varios escenarios muy diferentes. El resultado de los dos últimos clásicos del Camp Nou, empate, se paga en bwin a 4,40, y la victoria blanca a 4,75. Si asumimos que el Madrid se lance arriba y plantee por fin un partido abierto, que se marquen al menos cuatro goles se paga a 2,45, y que sean al menos cinco sube a 4,33. Un doblete de Messi, nada descartable contra su portero favorito, nos da 4,50 por cada euro, mientras que un simple gol de Alexis, en gran forma, proporciona una cuota de 3,00. Finalmente, tanto en un escenario de dejadez como en otro de intensidad se hace posible pensar en un gol postrero del Madrid, que se paga a 4,10. Merece la pena darse una vuelta.

Levántate y canta: amor en verde y blanco

En 1981, ya ha llovido y sobre todo por aquellas tierras, cuatro post-adolescentes de Essex ponían Inglaterra patas arriba y hacían bailar a todo el país sacando sonidos de un par de sintetizadores de andar por casa. Era su lanzamiento al estrellato, su búsqueda de un lugar dentro de un panorama musical estratosférico, abrumadoramente rico en estilos, matices y tendencias. Cuando aquellos embrionarios Depeche Mode pegaron el pelotazo con ese himno inolvidable que es ‘Just can’t get enough‘, el actual capitán del Celtic Scott Brown no había nacido y los padres de Gary Hooper, probablemente el jugador más decisivo de los Bhoys en la actualidad, ni siquiera se conocían.

Sin embargo, ‘Just can’t get enough‘, pese a la aparente lejanía en el tiempo, suena como nunca en el graderío de Celtic Park. Potente, sonora y colectiva, extraordinariamente colectiva. Es lo que tienen los himnos generacionales, que son atemporales e inmortales, jamás caducan o se pasan de moda, ni pierden su vigencia y su frescura por muchos años que hayan pasado.

‘When I see you Celtic, I go out of my head, I just can’t get enough…’

La gloria pasa por Anduva

Me van a disculpar los oriundos y allegados pero no, Miranda de Ebro no es un lugar particularmente bonito. Ubicada en tierra de nadie, a medio camino del País Vasco profundo, La Rioja o la capital burgalesa, Miranda nació y creció como nudo de comunicaciones por su particular e idónea localización geográfica. Alrededor de un importante núcleo logístico creció la industria papelera, que tan particular ‘aroma’ deja en la ciudad y alrededores, e incluso aeronáutica. No en vano, Miranda es considerada como la cuarta población más industrializada de la región castellano y leonesa, por detrás de capitales como Valladolid, Burgos o Palencia.

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En medio de semejante ambiente, claramente volcado hacia la notable actividad industrial de la ciudad, el monótono día a día de los cerca de 40.000 mirandeses que habitan en la localidad se ha visto recientemente alterado por la hazaña del CD Mirandés. El equipo local, cuyo techo está en la Segunda división B en la que compite en la actualidad, jamás ha conseguido asomar el morro mucho más allá de las catacumbas del fútbol nacional. No colecciona gestas ni acumula reconocimientos y títulos en sus vitrinas. De hecho, no hace falta retrotraerse demasiado años para encontrarse el conjunto rojillo disputando sus encuentros ligueros sobre impracticables barrizales azotados por los rigores del invierno riojano (en su día, el club fue uno de los cofundadores de la federación riojana, por afinidad geográfica). A finales de la década de los noventa, el Mirandés luchaba por no desaparecer, mientras disputaba sus encuentros en categoría regional. Mucho han cambiado las cosas desde entonces.

Cuando has estado al borde de la muerte deportiva, cuando has contado a cada uno de los trescientos espectadores que pasaban por taquilla para dejar mil pesetas en caja, cualquier mínimo logro posterior se convierte en un éxito incalculable. Por eso, la afición de Miranda está festejando como la mayor gesta deportiva de su sufrida historia la trayectoria de su equipo en la presente edición de la Copa del Rey. Y no es para menos. Plantados en cuartos de final (y con palpables opciones de ser incluso semifinalistas), los mirandeses han visto como desfilaban por Anduva equipos de la talla del Villarreal o del Racing, clubes de potencial infinitamente superior y que acabaron sometidos a la entrega rojilla. Hoy lo hará el tercer ‘primera’ que se cruce en su camino.

Con el 3-2 del partido de ida como inquietante bagaje, el RCD Espanyol llega a Anduva, la cueva donde se guardan los sueños de miles de mirandeses, con el firme objetivo de hacer valer su superior categoría, amén de hacer buena la ventaja de la ida. Pero lo que en principio podría parecer una empresa asequible para los pericos, en realidad no lo es tanto. El viejo estadio mirandés es un fortín. Un reducto inviolable en el que el equipo dirigido por Carlos Pouso se crece y se eleva varias categorías por encima de la que realmente ocupa. En liga solo se han dejado cinco puntos de treinta disputados (derrota ante Alavés y empate ante Gimnástica), y en Copa acumula tres victorias y un empate, el 1-1 ante el Villarreal. Los números son más que suficientes para que el olor a remontada empiece a impregnar la ciudad. A la vuelta de la esquina aguarda ni más ni menos que una semifinal de copa, un caramelo imposible y el sueño de toda una ciudad.

Partido de pronóstico realmente incierto, según las cuotas de apuestas en bwin. La victoria del Mirandés, condición indispensable para su salto a la siguiente ronda, cotiza a 2.85, por 2.40 a la victoria del Espanyol y 3.30 al empate. Si además de por la victoria mirandesa apostamos por el pase de los castellanos a semifinales (que, por separado, cotizaría a 2.95), se pagaría a 8.41 euros por euro apostado, lo que parece una opción bastante plausible, a tenor del rendimiento como local de los rojillos y de las importantes bajas que presentará el cuadro blanquiazul esta noche. Atención también a la victoria local al descanso y al final del choque, que cotiza a 4.60 euros.

En DDF| El espacio de los insolentes

Circuito “MTB 4 estaciones”:

De la mano de la empresa Last lap nace un nuevo circuito de marchas mtb en la comunidad de madrid con varias de las pruebas mas emblemáticas y de prestigio dentro del calendario nacional. La idea es organizar una prueba en cada estación del año

La fechas y pruebas  del Circuito “MTB 4 estaciones”:serán:

INVIERNO: 29 de enero con la XXI Clásica de Valdemorillo

PRIMAVERA: Mayo, La

I RALLYE BTT GALAPAGAR

El proximo 26 de Febrero de 2012 se celebrara la primera edición  del “Rally BTT de Galapagar”, organizado por el club ciclista galapagar de esta localidad “serrana” en estrecha colaboración con el ayuntamiento de galapagar. todo el circuito estarä debidamente balizado y señalizado con carteles, flechas indicativas, cintas y muchas personas que indican el camino correcto a seguir en