
El Clásico número 14 de Guardiola, décimo de Mourinho desde que está en el Real Madrid, se presenta como el más descafeinado de los que han disputado hasta el momento estos dos monstruos de los banquillos. Por una parte, y salvo un milagro madridista que casi nadie espera, es muy difícil suponer que el equipo blanco protagonice la gran hombrada en el Camp Nou y tumbe a un rival al que lleva casi cuatro años sin ganar por al menos dos goles de diferencia. Por otra, y muy afortunadamente, la tensión ambiental ha descendido de forma significativa desde el dedazo de Mou, siempre que excluyamos la bestialidad aislada de Pepe que –como lo oyen- va a quedar sin castigo. Y además, el vencedor sólo se llevará como premio, además de la satisfacción de imponerse al otro, el pase a semifinales de un torneo cuya importancia es relativa. Nada decisivo, sobre todo teniendo en cuenta que no es difícil un trayecto hasta la Copa que incluya equipos del calibre del Valencia o el Athletic de Bilbao.
Así las cosas, resulta llamativo comprobar cómo se aceleran los tiempos en el fútbol moderno. Hace escasamente dos semanas, el Barça sufría lo indecible para sacar un empate de Cornellá, en un partido que el Español le llenó de minas hasta lo indecible, y un nubarrón sobrevolaba la parte alta de la Diagonal cuando Roque Santa Cruz fulminaba a Valdés de preciso disparo, y empataba momentáneamente un choque hasta ese momento parejo. Hoy, tras la visita de rigor a la casa de reposo de Concha Espina, y la enésima exhibición de Messi a domicilio –no de esta temporada, precisemos- los chicos de Guardiola vuelven a lucir la sonrisa del ganador, se ven optimistas en la Liga, y es difícil que conciban la vuelta de la Copa como una noche desagradable. Pocos dudan de que Pep sacará un once muy parecido al que venció en Madrid, y la consigna general vuelve a ser “que se preocupen ellos”. Perspectivas tranquilas y halagüeñas, no sin motivo.
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Al otro lado del Ebro hay un polvorín, en parte artificial. Por una parte, la derrota ante el Barça, el pisotón de Pepe y las estupideces de Mourinho a propósito de éste, secundadas por Butragueño y Zidane, problemas todos ellos achacables en todo o en parte a miembros del organigrama del Madrid; y por otra, el desmesurado revuelo mediático causado por una típica bronca tras derrota, la relevancia otorgada a unos pitos a los Ultra Sur y, en general, la enemiga que se ha ganado o no Mou entre la propia prensa de la capital y que se ha desplegado a placer estos días, han vuelto de nuevo el ambiente irrespirable. Una situación muy propia del conjunto blanco y su entorno de los últimos años, que puede atisbar el fin el mundo incluso batiendo récords en Liga y Champions como líder destacado. Tras conocer que nadie impide al Madrid jugar sin medios matraca –veáse el partido contra el Athletic-, será muy interesante saber si el técnico portugués se atreverá a sacar en el Camp Nou una alineación como la de ayer. No tiene mucho que perder si lo hace, pues una victoria sería gloriosa, y una derrota un momento ideal para pasar cuentas a sus críticos. Sólo un escenario podría hacerle arder, y su drama es que no es imposible, quizá ni improbable: la goleada. Nadie sabe qué podría salir de otro 5-0 o similar, una sombra que atenaza a Mourinho desde hace meses. Pero quizá éste sea el momento, con la eliminatoria prácticamente perdida, de arriesgar. O no.
Partido muy interesante para lanzarse a realizar apuestas, porque se puede dar lugar a varios escenarios muy diferentes. El resultado de los dos últimos clásicos del Camp Nou, empate, se paga en bwin a 4,40, y la victoria blanca a 4,75. Si asumimos que el Madrid se lance arriba y plantee por fin un partido abierto, que se marquen al menos cuatro goles se paga a 2,45, y que sean al menos cinco sube a 4,33. Un doblete de Messi, nada descartable contra su portero favorito, nos da 4,50 por cada euro, mientras que un simple gol de Alexis, en gran forma, proporciona una cuota de 3,00. Finalmente, tanto en un escenario de dejadez como en otro de intensidad se hace posible pensar en un gol postrero del Madrid, que se paga a 4,10. Merece la pena darse una vuelta.