Sierra Nevada aloja la copa del mundo de Freestyle Sky y Snowboard. Estaremos Alli

Del 18 al 26 de marzo se celebrará en Granada la Superfinal de la Copa del Mundo de Snowboard y Freestyle 2013.  El gran evento tendrá lugar en las pistas de competición de Sierra Nevada y citará a los 550 mejores especialistas mundiales de las disciplinas más espectaculares del circo blanco.

La Final de la Copa del Mundo pondrá en el centro del universo del freestyle y el snowboard al Superparque Sulayr con su instalación estrella: el half pipe permanente más grande de España, que ya fue probado con éxito la temporada pasada en los Mundiales Junior de Snowboard celebrados en la estación granadina.

Las finales de la Copa del Mundo de Snowboard y Freestyle Ski, que se disputarán en Sierra Nevada del 20 al 27 de marzo próximo, apenas tendrán incidencia en el área esquiable de la estación, una vez cerrados los trazados de competición entre la organización de las pruebas y la Federación Internacional de Esquí (FIS).

La estación consigue así de uno de los objetivos que se marcó para la organización de estas finales: hacer compatible el esquí comercial con la alta competición, hacer accesible el espectáculo de la Copa del Mundo al público sin afectara su jornada de esquí o snowboard. Para ello, las ocho finales se disputarán en cinco escenarios que acabarán en tres áreas de meta, unos circuitos a las que los usuarios de la estación podrán acceder sin dificultad, que no implicarán la interrupción de pistas significativas y que se irán desmontando a medida que vayan acabando carreras.

DESCARGA DEL DOSSIER

Tanto es así que la superficie ocupada por la Copa del Mundo apenas alcanza el 5 por ciento de los kilómetros esquiables de Sierra Nevada, casi toda –salvo la pista Visera- en el área de la Loma de Dílar, de hecho, siete de las ocho finales de Superfinal de Copa del Mundo de Snowboard y Freestyle se celebran allí, en el snowpark Sulayr de Loma de Dílar. Serán las finales de halfpipe (de snowboard y freestyle ski), que tiene una meta propia; las de slopestyle (de snowboard y freestyle ski), skicross y snowboardcross (que comparten prácticamente el mismo escenario) y snowboard gigante paralelo, que disfrutan del mismo área de meta La octava final, la de baches dual, se disputará en la pista Visera, con salida en el radiotelescopio y llegada a la meta en Borreguiles.

Los responsables del snowpark mantendrán cuatro de los ocho sectores del Sulayr ‘comercial’, añadirán uno de nueva construcción junto al telesilla Loma de Dílar y junto a este habilitarán una pista comercial de skicross.Los usuarios con forfait podrán acceder a los escenarios de competición sin restricciones; para quienes sólo quieran ver las finales sin esquiar la organización creará productos especiales para la Copa del Mundo.

Half Pipe:

Se desarrolla en una pista de poca pendiente con nieve acondicionada en forma de semi tubo bastante inclinado en sus flancos. Los participantes realizan una serie de saltos, acrobacias y maniobras en el Halfpipe, yendo de lado a lado y elevándose los por los bordes del tubo, juzgándose dichas maniobras según el grado de la dificultad y de ejecución.

Slalom Paralelo:

Dos corredores compiten a la vez, por un recorrido de puertas (más cerrado que el Gigante), pasando el ganador a la ronda siguiente.

Slalom Gigante Paralelo:

El slalom paralelo permite a los corredores afrontar el recorrido en paralelo, con dos competidores bajando a la vez.  Antes ha habido una manga de clasificación donde los 16 mejores corredores se enlazan por parejas comenzando así las eliminatorias, pasando el ganador a la ronda siguiente, hasta proclamarse el vencedor.

Snowboard Cross:

Los corredores hacen la salida conjunta en grupos de cuatro en una pista sinuosa especialmente construida para el Snowboard que incluye vueltas, saltos, ondas y la nieve acondicionada. Eliminándose entre ellos, pasando los mejores a la siguiente ronda

Calendario finales:

  • 20 marzo: Final Eslalon Girante Paralelo GS Snowboard (Loma de Dílar).
  • 21 marzo: Final de Snowboardcross (Loma de Dílar).
  • 22 marzo: Final de Moguls (Baches) de Freestyle Ski (Borreguiles).
  • 23 de marzo: Final de Slopestyle de Freestyle Ski (Loma de Dílar).
  • 24 de marzo: Final de Skicross de Freestyle Ski(Loma de Dílar).
  • 25 de marzo: Final de Halfpipe de Freestyle Ski (Loma de Dílar).
  • 26 de marzo: Final de Slopestyle de Snowboard (Loma de Dílar).
  • 27 de marzo: Final de Halfpipe de Snowboard (Loma de Dílar).

En blog de deportes hemos sido acreditados en la zona de prensa del evento para rodar escenas aereas del mismo a traves de uno de nuestros cuadricópteros preparados para este tipo de grabaciones deportivas en directo.

En este caso, acudiremos con un DJI PHANTOM, equipado con una cámara GO PRO con estabilización de imagen, con ella grabaremos imágenes del evento que mas tarde serán compartidas por la organización. Os las mostraremos

Hemos de resaltar los buenos resultados de grabacion de video de alta resolución que proporciona la combinacion PHANTOM/GO PRO. Como muestra os dejamos un video realizado de la misma forma que lo haremos nosotros

Desubicado

Sant Joan Despi 15.08.2017 Deportes Ernesto Valverde durante la sesión de entrenamiento previa al partido de vuelta de la supercopa de España contra el Real Madrid en el Bernabeu. Fotografía de Jordi Cotrina

No fue, el de la ida de la Supercopa, un Barça bochornoso, por mucho que de la lectura del resultado y del posterior hervor implacable de las redes sociales pudiera entenderse lo contrario. No fue para tanto. Ocurrió, simplemente, que el Madrid fue mejor y, sobre todo, más efectivo. Golpeó con mayor contundencia y se mostró más desmesurado en sus intenciones contra la portería rival. Más o menos lo que se prevé y se espera de un equipo serio, rodado, trabajado y con sus constantes estables. Cuando un equipo de fútbol aúna talento individual como para exportar y un aprendizaje exhaustivo de los más básicos automatismos que deben gestionar su funcionamiento colectivo, puede decirse que ha alcanzado su punto culminante. Y en ese cúlmen, bordeando la sublimación de su rendimiento, parece encontrarse este Real Madrid del tercer curso de Zidane. Bonito, vistoso, exhuberante e implacable. Un equipo que lo tiene todo y al que le sale todo. Un equipo hecho. Justo en las antípodas de lo que es, a día de hoy, el FC Barcelona de Ernesto Valverde.

El técnico extremeño tomó la decisión de afrontar la que quizá sea la misión más complicada de su carrera deportiva en un momento delicado para el barcelonismo. Que, de un tiempo a estos días, el agua en Can Barça baja turbia es una realidad que nadie medianamente puesto en la actualidad futbolística desconocía. En pleno cambio de ciclo deportivo, con jugadores capitales embocando la inevitable cuesta abajo, con la abrupta salida de un jugador franquicia que estaba llamado a liderar proyectos inmediatos y todo bajo el manto de una junta directiva que parece incapaz de reaccionar con la debida celeridad ante el cariz que empiezan a tomar los acontecimientos, el escenario sobre el que ha aterrizado Valverde no anima precisamente a ser entusiasta con su futuro inmediato. Su distancia con el Real Madrid es, en estos momentos, inasumible. Mucho mayor de la que el aficionado culé puede llegar a tolerar. Además, con el club obligado a apagar primero los fuegos surgidos intramuros antes de ocuparse de las batallas extramuros, no parece que el rumbo tomado por la ejecutiva azulgrana suscite muchas esperanzas entre el graderío. El golpe que supuso la intempestiva e inesperada salida de Neymar para una junta directiva ya demasiado desgastada parece haber reducido aún más su, hasta la fecha, limitada capacidad de gestión. Tal es la situación y la sensación de zozobra en la dirección técnica que cualquiera podría pensar que mañana podrían ser presentados en el Camp Nou Philippe Christanval o Dragan Ciric como fichajes de última hora para tratar de reflotar el proyecto.

Veo a Valverde en sala de prensa. Lo observo con esa mirada de ceño fruncido tan suya, como escudriñando cada palabra de las preguntas y meditando todos los posibles sentidos de sus respuestas. Y lo veo en un mundo que quiero creer que no es el suyo. En un mundo alejado de lo que ha estado acostumbrado a vivir, en un mundo de imposiciones e hiperanalizado hasta el extremo y en el que, mucho me temo, le va a costar mucho ser quien realmente es y volver a encontrarse a sí mismo.

Días de vino y turquesa

Como en el Amstrad CPC 464 con el que mataba el tiempo en mi infancia, pantalla monocroma, parpadeante y verde, salían Barcelona y Real Madrid al campo mezclando, a este lado de la tele, los tonos de sus uniformes. Más uniformes que nunca. Como una guerra sin enemigos donde el balón se pastoreaba por el césped sin más intención que dejar pasar las horas. Entiendo que la RFEF, descabezada, investigada y masacrada desde dentro, no ha tenido tiempo para ponerse a mirar camisetas como un adolescente en el Primark. Días de vino y turquesa.

Cuantos más barçamadrides haya, menos importan. Como los besos, valen más de inesperados, incluso rotos, que de seguido. Por esa facultad que tiene el ser humano de aburrirse en la abundancia y echar de menos un, qué sé yo, Madrid-Korona Kielce por la propia excentricidad y rareza del choque. Tras el clásico de pretemporada, de madrugada como un alunizaje, y este choque supercopero, el de la Liga ya se nos hará hasta tedioso. Así somos. Sólo imagino feliz a Mealdo.

El partido fue tan bueno como buenos son algunos de los jugadores que pisaron el césped. Messi hizo de Messi y Cristiano hizo de Cristiano. El portugués marcó un gol, celebró con revanchismo infantil y pagó su frustración con el árbitro. Cierto que el colegiado fue obstinadamente malo, pero sólo hace falta imaginar un juicio para saber que si el reo quiere ser libre lo último que debe hacer es zamarrear al magistrado.

Cristiano se ha convertido en el borracho del grupo que siempre sale con alguna trastada. Es divertido hasta que deja de serlo. Incontenible y pueril. Tan excesivo, tan suyo y tan ajeno a la lógica mecánica del partido. Tan injusta es la tarjeta por simulación como irresponsable la que pide a gritos por quitarse la camiseta y remedar a Messi con sorna y unas migajas de complejo. Una parte del madridismo pensará en justicia. Otra parte seguro que está cansada del pataleo, de la permanente llamada de atención como el niño en la trona que cree haber inventado un color nuevo mezclando rayajos de cera. Y es que no hace falta, y menos ahora, que el Madrid está desatado. Planifica bien, gana títulos y cada decisión que toman sale a favor. Para qué remover la rivalidad, si el contrario está en la lona, sin Neymar y fichando a treintañeros de exótico Erasmus en China.

El Madrid galopa y el Barcelona rebuzna. Esa es la realidad. Hace unos años era al revés y aquí nadie se rasgó las vestiduras. Mientras el Barcelona ganaba la primera Champions de Guardiola en el Madrid entronizaban a Palanca. El fútbol es terrible y olvidadizo. Cíclico y cruel. El proyecto megalomaníaco de Florentino ha empezado a funcionar cuando ha dejado de ser megalomaníaco. Como si el Joker se forrara robando carteras en el metro en lugar de destruyendo Gotham con cabezas nucleares. La mesura, tan monacal, tan del nuevo florentinismo, le sienta bien al Madrid. Se ficha poco y se confía ciegamente en un señor al que muchos creíamos incapaz de entrenar al más alto nivel. Zidane es un fenómeno tan inexplicable como las líneas de Nazca o el triangulo de las Bermudas. Él comanda un equipo al que le gusta ganar. Al que le gusta mucho ganar. Al que le gusta más ganar que la pizza o que pillarse primero la chaise longue al llegar a casa. Y eso, ese apetito desmedido por la victoria, no es algo que pueda comprarse en el mercado de verano, aun teniendo 222 millones de euros bajo el colchón.

La medalla

 

La derrota no es desprecio, sino verdad, y la verdad admite pocos matices, como una sentencia en última instancia. La derrota llega y contra ella sólo queda juntar las muñecas, bajar el mentón y recorrer el camino al penal entre flashes. Perder es parte del juego. Sin derrota no hay victoria y sin victorias no hay fútbol. Luego están las lecturas elogiosas, las cartas desde la celda, la justificación del dolor. Todo ese poemario nacido de las tiniebla del gol en contra y la cabalgada desesperada en el último minuto de partido. Pero ese es trabajo para otros. La poesía es servidumbre. Escuchaba a Vialli la otra tarde, en un soberbio Informe Robinson sobre la final de Wembley en 1992, asumiendo la victoria del Barcelona con el aplomo que no tuvo en el césped. Sobre la hierba inglesa, al acabar el partido, el delantero italiano lloró y lamentó cada ocasión fallada. Fue su entrenador, Boskov, el que se acercó al futbolista derrotado gritándole “¡Los hombres de verdad no lloran por un partido de fútbol!”. Tres años después, el italiano ganó la Copa de Europa con la Juventus y el peso de aquella derrota no evitó su vuelo.

Es imagen habitual de estos tiempos ese terrible gesto de quitarse la medalla de perdedor en la final, delante incluso de quien, con boato y trascendencia, te coloca el yugo en el cuello. Por más prisa que te des en arrancarte el metal del pecho, la derrota siempre estará ahí y llorarás, como Boabdil, lo que no pudiste ganar sobre el terreno de juego. La derrota es inapelable y digna. Es dolorosa, palpable y perenne. La medalla es una jaula en la que viviremos hasta que en el siguiente partido nos abran la puerta. Mourinho entregó su medalla a un niño del público y el comentarista dijo que fue un bonito gesto. Yo creo que fue horrible entregar tu sambenito a un inocente buscando así expiación y olvido. Ahora ese niño porta con la derrota de su equipo, la derrota de los otros, una medalla que es símbolo de lo que tus botas no patearon, tus guantes no tocaron y tus decisiones no cambiaron. No es la primera vez. Ya lo hice tras perder contra el Arsenal la Community Shield en 2015. “Es una medalla de perdedor, así que será un buen recuerdo para él”, dijo entonces.

La medalla del perdedor es tan necesaria como la copa del que gana. Sin tocar el suelo es difícil tomar impulso. La otra opción es flotar en el limbo de los que jamás entendieron que el fútbol es un deporte de luz y sombra. Esa medalla, talismán de noche que un señor con traje te ofrece como un chamán, eres tú hasta que dejes de serlo. Mourinho lo sabía. Por eso quiso, inútilmente, espantar a los fantasmas. El niño no merece la indignidad metálica de los que no supieron ganar. Cada derrota, por pequeña o grande que sea, por rotunda o accidental que sea -no puede olvidarse-, es ya parte del escudo.

“A veces, cuando gano, no me quedo con la medalla, así que imagínate cuando pierdo. La medalla se hubiese quedado en cualquier lugar de mi casa y para ese niño es la luna”, dijo Mourinho al acabar el partido. Una luna escuálida y veraniega, fina como una uña, la sonrisa de un superviviente gato callejero.

Stars and stripes

Aquel Mundial tenía mucho de exótico. No era Estados Unidos un país precisamente cercano, ni futbolística ni geográficamente. A mis 17 años, y pese a un desaforado amor por el fútbol que me convertía a ojos de mis amigos y familiares en una especie de bicho raro con conocimientos enciclopédicos sobre ligas recónditas y competiciones absurdas, el fútbol estadounidense me era un completo desconocido. Quizá por eso y por el extraordinario recuerdo que me había dejado el muy cercano Mundial de Italia en 1990 (pese a haber sido una cita escasamente memorable en lo futbolístico) me resultaba complicado entender el porqué de la celebración de algo tan único como un campeonato del mundo en un país de tan escasa tradición futbolera. Para mí no existían razones de índole económica, ni de expansión del deporte rey en el país más poderoso e influyente del planeta. En Estados Unidos no había una Liga potente y, por aquel entonces, ni siquiera existían futbolistas de cierto renombre originarios del país. A ojos de un adolescente, celebrar algo tan grandioso como un Mundial en un lugar así no era más que una decisión estrambótica, alejada de cualquier lógica y coherencia y muy difícilmente comprensible.

Puede que precisamente por aquella inicial predisposición en contra, por aquella cerrazón a admitir que Estados Unidos era un lugar tan válido como cualquier otro para la celebración de un Mundial, lo que iba a desarrollarse durante aquellas semanas de junio y julio en lugares tan futbolísticamente atípicos como el Rose Bowl de Pasadena, el Giants Stadium de Nueva Jersey o el Pontiac Silverdome de Detroit (primer estadio completamente cubierto en acoger un partido mundialista) acabó marcando para siempre, como a muchos de mis coetáneos, mi afición por este deporte.

El peculiar escenario era propicio para la anécdota. De primeras, aquello ni siquiera parecía un Mundial. Los partidos se disputaban en estadios mastodónticos y ante una afición que, mayoritariamente, no entendía muy bien el origen de semejante alboroto por un deporte que en Estados Unidos no pasaba de ser una actividad infantil extraescolar fundamentalmente femenina. O sea, un deporte para niñas. Y, tan propicio como el escenario, lo era el equipo anfitrión.

Si bien ya conocíamos de la existencia de un combinado estadounidense tras su participación en el anterior Mundial (donde acabó como penúltimo clasificado final), la oportunidad de comprobar el crecimiento de un equipo con un potencial abrumador pero escasamente explotado no debía pasarse por alto. Era ‘su’ Mundial. El exótico seleccionado norteamericano tenía ante sí una misión notablemente más complicada, si se me permite la exageración, que la de alzarse con el título. La selección de las barras y estrellas partía en su torneo con el objetivo inequívoco de enraizar el soccer, deporte mayoritario en todo el planeta, en un población que solo tenía ojos para el baloncesto, el fútbol americano, el béisbol y el hockey. Para ello, Bora Milutinovic armó un seleccionado rebosante de carisma, con futbolistas, muchos de ellos semiprofesionales, que aún hoy son recordados con cariño por los aficionados. Un auténtico icono pop en forma de equipo de fútbol. Justamente lo que el fútbol norteamericano necesitaba para su definitivo despegue de popularidad.

Era el equipo en el que comenzaba a despuntar Cobi Jones, que sigue siendo el futbolista que más veces ha vestido la camiseta nacional, en donde el extravagante central de origen griego con aspecto de frontman grunge Alexi Lalas imponía la ley de su inolvidable perilla pelirroja en el eje de la defensa o en el que Tony Meola, un gigantón de cuello dórico y coleta repeinada que llegaría a hacer sus pinitos como punter de los Jets de Nueva York, guarecía la portería sobre la que iban a dirigir sus miradas millones de espectadores de todo el mundo.

La cita de 1994 quizá no fue todo lo exitosa que se esperaba en el plano deportivo. Los de Milutinovic acabaron cediendo su ilusión ante Brasil, posterior campeona, en los octavos de final, en un partido que se recordará como muy disputado por parte de los locales. Pero, si bien su protagonismo como anfitriones del torneo fue efímero, la labor de los Meola, Lalas, Jones, Wynalda, Ramos, Wegerle o Caligiuri trascendió aquel torneo mundialista y sentó las bases de una hoy pujante y en franco crecimiento Major League Soccer y de un equipo nacional al que ya nadie nunca volvería a tener por un simple elemento anecdótico.

Puedes comprar camisetas de Estados Unidos en Classic Football Shirts, la tienda online especializada en camisetas de fútbol de todo el mundo.

Costará

Costará convencer a quienes estas dos semanas se hayan animado a ver por primera vez a la selección femenina absoluta que esta España no es así. Que esta España llevaba dos años mostrándose como un equipo con ideas, animoso, con confianza, buen juego y notable capacidad goleadora. Pero la realidad es que más de medio millón de personas siguieron ayer una prórroga en la que un equipo nervioso, romo, de juego pastoso, carente de desborde individual y de soluciones colectivas pretendió acceder a las semifinales del Campeonato de Europa colgando balones a un área repleta de jugadoras rivales con una más que evidente ventaja física sobre las españolas. La realidad es que a ninguno de esos 548.000 espectadores le extrañará que ese equipo alcanzara los 350 minutos (260 de ellos ante rivales notablemente inferiores) sin meter la pelota entre los tres palos, ni sería capaz de visualizar la manera en que podría romperse la racha. La realidad, dolorosa, es que recuperar a esa gente para la causa, volver a convencerla para sentarse a ver este fútbol por algo más que simple curiosidad o cierto paternalismo culpable, costará casi tanto como marcarle un gol a Austria a base de centros desde 35 metros.

Y duele. Duele porque era posible haber hecho algo muy distinto y realmente histórico. Antes de comenzar el torneo, pasar a cuartos era el objetivo mínimo y razonable, pero el desarrollo del campeonato abrió a España un camino inmejorable para alcanzar la final: un grupo asequible, un cruce de cuartos contra un rival netamente inferior sobre el papel y, en el horizonte, unas semifinales ante una Dinamarca que acabó con la tiranía alemana (seis eurocopas seguidas acumulaban las germanas) pero que, nuevamente sobre el papel, no es superior a la España que creíamos ser. Sobre el césped la cosa cambió demasiado. Después de unos aceptables primeros 45 minutos en el debut ante Portugal, España no supo qué hacer. Se olvidó de quién era y de cómo había llegado ahí. Fue una caricatura deslavazada, perdida sobre el campo y superada por rivales y situaciones. Llegar a cuartos era el objetivo, sí, pero perder así en cuartos no merece otra nota que el suspenso general. Es cierto que pasar desde los 11 metros hubiera obligado a cambiar la evaluación, pero las conclusiones serían las mismas. Que jugando así de mal sólo se haya estado a una tanda de penaltis de las semifinales ya da una idea de la enorme oportunidad que se ha perdido.

Sólo quienes han estado dentro sabrán identificar las verdaderas razones de este desplome. Sólo ellas y ellos sabrán decir si la preparación ha sido la adecuada. Si la ausencia de Vero Boquete y Sonia Bermúdez de la lista de convocadas ha privado a la selección no sólo de juego y goles sino también de carácter y liderazgo. Si han ocurrido otras cosas que expliquen esa pérdida de identidad y confianza con respecto a lo visto durante el brillante camino a esta negra Eurocopa. Decíamos hace dos veranos en estas mismas páginas que en el fútbol no hay peor cosa que no controlar lo que pasa en el terreno de juego. Dos años y una revolución después, cualquiera diría que no hemos avanzado nada. Y costará convencerle de que se equivoca.

Las mejores jugadas de Sadio Mané

Sin lugar a dudas Senegal es un país que no tiene mucha cultura en el fútbol, a pesar de ello ya ha destacado en algunos mundiales en donde ha lanzado a luz varios jugadores, pero no fue en uno de estos eventos deportivos en donde Sadio Mané fue descubierto.

Se trata de uno de los extremos que juegan para el Liverpool de Inglaterra, en donde ha logrado varios logros importantes, ya que fue consagrado como uno de los mejores jugadores de la temporada pasada con el conjunto londinense. Así que en el vídeo de arriba podrás descubrir algunas de las mejores jugadas de Sadio Mané.

Esta entrada Las mejores jugadas de Sadio Mané es contenido del blog Blog de Deporte.

Los 10 mejores goles de Daniel Sturridge

Uno de los delanteros que Inglaterra ha lanzado en los últimos años es Daniel Sturridge, quien a pesar de tener origen de Jamaica ha desarrollado su carrera en Europa, ya que se dio a conocer en el Aston Villa para tras ello pasar al Manchester City.

El delantero también pasó por el Chelsea de la misma liga de Inglaterra para tras ello jugar en el Bolton Wanderers y finalmente recalar en el Liverpool, su actual club. Así que en el vídeo de arriba podrás disfrutar un poco más acerca de los 10 mejores goles de Daniel Sturridge y algunas asistencias.

Esta entrada Los 10 mejores goles de Daniel Sturridge es contenido del blog Blog de Deporte.

Los mejores goles de Roberto Firmino

Roberto Firmino se ha convertido en unas de las estrellas de Brasil en las ligas de Europa, se trata de uno de los delanteros más letales que juega en la actualidad para el Liverpool de la Premier League de Inglaterra, en donde llegó en el 2015, el mismo se ha convertido en una de las piezas claves en el conjunto de la capital.

La habilidad que Roberto tiene dentro del área es muy importante, es por ello que ha jugado también para la selección de Brasil, en donde también ha contado con grandes actuaciones. Es por ello que en el vídeo de arriba podrás disfrutar un poco más de los mejores goles de Roberto Firmino.

Esta entrada Los mejores goles de Roberto Firmino es contenido del blog Blog de Deporte.

Phillipe Coutinho y sus mejores actuaciones en el Liverpool

Uno de los equipos más importantes que existen de la Premier League de Inglaterra sin lugar a dudas es el Liverpool, el cual es uno de los clubes más grandes, es allí en donde precisamente juega el brasileño Phillipe Coutinho, quien ha logrado ganarse uno de los puestos en el 11 titular del cuadro londinense.

Se trata de un jugador bastante desequilibrante que durante el verano ha estado en la boca de varios equipos del mundo, dentro de los que se encuentra el FC Barcelona, en donde también se encuentra uno de sus mejores amigos en la selección de Brasil, Neymar.

Así que si aún no conocías mucho de este jugador en el vídeo de arriba podrás disfrutar un poco más de los mejores goles y asistencias de Phillipe Coutinho y porque es considerado uno de los mejores.

Esta entrada Phillipe Coutinho y sus mejores actuaciones en el Liverpool es contenido del blog Blog de Deporte.

Un día, un fichaje: Morata

No debe de resultar sencillo tomar la decisión de marcharse del equipo doble campeón de Europa y dominador del momento en el fútbol mundial. Mucho menos aún cuando, además ese equipo es, o ha sido, tu casa desde la adolescencia. Álvaro Morata (Madrid, 1992) hará las maletas por segunda vez en su carrera profesional para dejar atrás el sueño de triunfar en el equipo en el que la lógica y el arraigo imponían que triunfase. Morata deja Madrid para recalar en un Chelsea en plena reconstrucción, campeón en la Premier League pero una absoluta incógnita en Europa. Y lo hace en un gesto que, por encima de muchas otras consideraciones, es una muestra de valentía. Actitudes como la del delantero madrileño merecen todo el respeto y el reconocimiento del mundo. Quedan pocos futbolistas capaces de negar su participación en todo un Real Madrid si está va a quedar limitada a una insípida acumulación de minutos residuales y puntuales apariciones secundarias. Habrá quien le critique por no haber sabido esperar su turno y aprovechar la oportunidad en el Madrid, pero yo aplaudo a Morata porque su decisión es la de un inconformista, la de un jugador dispuesto a mandar y dejar huella, la de alguien que quiere no solo ser reconocido por su origen y su rancio abolengo, sino por sus méritos reales. Morata busca ser protagonista. Ansía jugar (y brillar) en partidos grandes, en duelos de referencia continental, en esos mismos encuentros que en su anterior equipo parecían indispensablemente reservados para Benzema. Y el Madrid no podía garantizarle el camino para lograrlo.

Con todo, la decisión del club blanco de prescindir del futbolista encierra un riesgo bien visible desde todos los ángulos. No será fácil para los de Chamartín encontrar un atacante capaz de asumir el rol desempeñado por Álvaro en esta última temporada. No va a ser sencillo dar con un delantero de su nivel de quince goles en la última liga y que acepte de buen grado estar por detrás de Karim Benzema en el orden de preferencias del técnico. No es ya una cuestión meramente económica, y menos aún con la morterada esa de 80 millones depositados por los londinenses por llevarse el talento hasta Fulham Road y que dan pie a pensar en una rápida reinversión. Es una cuestión de carácter, de compatibilidades y de llegar al actual mejor club del mundo con la vitola de estrella y de fichaje de postín sabiendo que sobre el césped la situación será bien diferente. Pierde el Madrid un baluarte ofensivo difícil de restituir y, en principio, debilita su plantilla porque pocas opciones ofrece el mercado capaces de asumir con naturalidad el papel desempeñado dentro del grupo por el ya delantero del Chelsea.